Atisbos de un pasado

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El silencio del pueblo nos da la bienvenida, entrar a la Hacienda de Chiapa es convivir frente a frente con la historia, el pasado viviente se encarga de narrarnos historias que rozan con la fantasía. Personajes célebres y estampas hermosas hacen de este lugar un tesoro a puertas abiertas que comparte sus secretos.

El silencio del pueblo nos da la bienvenida, entrar a la Hacienda de Chiapa es convivir frente a frente con la historia, el pasado viviente se encarga de narrarnos historias que rozan con la fantasía. Personajes célebres y estampas hermosas hacen de este lugar un tesoro a puertas abiertas que comparte sus secretos.

 

Un portal, un zaguán, un arco alto de finas molduras, un empedrado pequeño y sublime, el verde de las plantas, el aire, un patio enorme, cuadrado, dividido por una diagonal curva; del lado izquierdo un piso de piedra lisa de peculiar forma llamada “Oreja de elefante” con diminutas manchas oscuras que son en realidad pequeñas plantas fosilizadas; del lado derecho un área de verde pasto y frondosos árboles, algunos de aromáticas flores. A los costados: anchos corredores de piso rojo ladrillo adornados por un tapete color amarillo y arabescos en color azul y blanco. Se observan grandes portones de madera con sus respectivos pasadores de herrería.

Zona Habitacional de la Hacienda

El Ingeniero Jorge Peralta Cabrera, nos acompañó en un ameno recorrido por la Hacienda dando memoria de algunas vivencias personales y familiares a lo largo del tiempo. La Hacienda ha pertenecido solamente a dos familias, los Álvarez y los Peralta. Eso sin contar que solo temporalmente estuvo en manos de Luis Brizuela, quien a manera de cobro tomó la propiedad de manos de Miguel Álvarez García apodado también “El Capacha” quien fuera hijo del primer gobernador de Colima en tiempos juaristas, el General Manuel Álvarez; y padre de la también primera gobernadora mujer no solamente en Colima sino en todo el país, Griselda Álvarez.

La Hacienda de Chiapa llegó a tener una extensión de 5,000 hectáreas

La Hacienda de Chiapa llegó a tener una extensión de 5,000 hectáreas eso cuando fue propiedad del General Manuel Álvarez, pero Luis Brizuela se encargó en sólo tres años de venderla quedando así sólo 260 hectáreas a cargo del señor Ramón Peralta Jasso quien adquirió la hacienda en 1935. Es así que desde entonces la familia Peralta se ha hecho cargo de la hacienda, de su mantenimiento y restauración; y es de esta forma que la Hacienda sigue en pie, con su estructura casi idéntica a la original, pues esta ha sido una especial labor del Ingeniero Jorge Peralta quien estima tanto el lugar que desea preservarlo intacto. Tal ha sido su empeño que recibió el Premio Sociedad Protectora de Tesoro Cultural pues la Hacienda a cientos de años de su construcción se encuentra actualmente en excelente estado.

Corredor de la Hacenda Chiapa

El museo, es una de las funciones de la Hacienda mediante la cual el visitante puede recorrer cada una de las habitaciones que están acondicionadas y decoradas acorde a la época en que se construyó. El Ingeniero Jorge Peralta, nos contó que sólo otra hacienda en el país (de la cual desconoce su ubicación) y la Hacienda de Chiapa cuentan con la división diagonal en el patio central y que ésta se utilizaba para dividir las habitaciones de los hacendados del resto de los trabajadores, y evitar también el cruce de caballos y ganado hacia la zona habitacional. Nos dijo también que las recámaras se comunicaban entre sí, esto como parte de una estrategia de supervivencia pues en tiempos de los cristeros llegaba a ser peligroso salir al corredor, pues se suscitaban encuentros y peleas dentro de la hacienda. Una de las anécdotas legendarias, llevada ya al papel en voz de Griselda Álvarez en su libro “La sombra niña” cuenta que una vez en tiempos de la cristiada, un caudillo se escondió en el chacuaco para huir del tiroteo y que a su vez otro le prendió fuego para hacerlo subir y así fue que lo remataron.

La cocina es un cuadro perfecto en el que ensamblan los fogones a los costados, chimeneas, pretiles, el cuarto donde se fabricaban los quesos, un vertedero de leche que iba a la cocina directo desde la ordeña y una alacena independiente en la que se guardaban todos los víveres. Cuenta también en “La sombra niña” que Griselda Álvarez, ya que vivió en la Hacienda sus primeros dieciséis años, se hacía cargo de ella y fue ahí entre mantequilla, ajos y chorizos la hermosa joven conquistó a un Coronel solamente como parte de una travesura.

Vista de la Cocina

Al interior de la Hacienda está también una pequeña capilla que actualmente tiene muros altos de ladrillo que fue redescubiertos para que lucieran un poco más, así el color oscuro de la capilla da un toque místico que junto a la cruz de madera hecha de vigas viejas que se obtuvieron en la reciente restauración, el vitral de Jesucristo y la réplica en cedro hecha a escala de la virgen Inmaculada que se encuentra en la catedral de Pátzcuaro uno logra respirar la paz de todo el lugar.

La Hacienda cuenta también con un pequeño bareci

Cantina de la hacienda

to estilo español de piso de madera, y cuadros de las corridas de toros principales de Colima y Villa de Álvarez, una cantina de madera y herrería que podría hablar por sí sola y contarnos o inventarnos muchas historias.

No podríamos dejar de visitar la fábrica de piloncillo que se encuentra al interior de la Hacienda, todavía están los enseres utilizados, los moldes de madera con pequeños conos en los que se vaciaba la melaza, las calderas, revolvedoras, chimeneas. Todo sigue en su lugar, haciendo armonía con el silencio. Toda una sinfonía que ha cesado por el andar del tiempo.

Esa salita da una entrada a la grande y verdadera industria, que es ahí donde se procesaba la caña, se exprimía, se hervía… observamos la caldera importada de Pensilvania que daba vida al movimiento por vapor a toda la industria, los engranes ingleses competían con la fuerza bruta del molino de mulas. En tiempos funcionales de la Hacienda llegaron a haber hasta setenta trabajadores distribuidos en distintas labores principalmente en la fábrica de piloncillo. Es imposible abrir los ojos más de la cuenta, dejarse impresionar por la magnitud del trabajo organizado de muchos años atrás, imaginar con vida el espacio, las voces, el calor intenso a causa de los vapores -y eso que el clima en Chiapa es fresco-. Es un ambiente hermoso entre metales mohosos y muros de adobe y ladrillo, que resisten el tiempo, como una estampa de lo que el mismo tiempo ha perdonado, para que uno lo conozca, lo viva, lo sienta.

La Fábrica de Piloncillo

Existe también una alberca, que como antes se acostumbraba tiene sus muros alrededor, eso como protección a las bañistas de los ojos chismosos, aunque también se dice que los muros se hicieron para protección del “Capacha” pues gustaba de los placeres dionisiacos y solía hacerse acompañar de bellas mujeres desnudas en la alberca.

El resto del exterior está compuesto por una arboleda fresca y sombría, de pasto verde y vivo que antes fuera solamente terracería, alrededor de la casa están los cafetales altos y tupidos que debido a la fertilidad del suelo pueden darse el lujo de bordar centímetro a centímetro la humedad de la tierra.

El tiempo ha quedado suspendido, en un mismo espacio conviven pasado y presente. La Hacienda espera todos los días a revelar sus secretos, sus olores, espera con el eco de sus habitaciones, sus fotografías con sus rostros y momentos, esperan objetos, cuadros, muros, balcones, rincones. La Hacienda espera todos los días ser visitada. Así, con sus puertas abiertas espera compartir sus historias a todo aquél que se atreva y la visite.

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